Pablo Ramos creó a Gabriel para que fuera su alter ego literario, ese personaje a través del cual cuenta lo que tiene en su alma.Gabriel, el muchacho de la vida dura, llena de golpes y de caídas, ese que sigue viviendo a pesar de todo, es el protagonista de El origen de la tristeza y La ley de la ferocidad, novelas que el escritor argentino presentó esta semana en Bogotá.
En la primera, Ramos le da a un Gabriel adolescente un mundo complicado, lleno de miedo y violencia, en el que debe sobrevivir y sobretodo crecer.
En La ley de la ferocidad, el muchacho ya es todo un hombre que escribe para sacarse la rabia, estando borracho o drogado, o después de sus encuentros fortuitos con amantes de turno.
Ramos, el titiritero tras bambalinas, nació en 1966. Antes de ser narrador escribió poesía, y ahora desconfía de los escritores que nunca escribieron versos.
En su libro de poemas lo Pasado pisado –malos poemas según confiesa-, Gabriel respiró por primera vez para luego saltar a una historia de largo aliento, que además de las dos novelas que presentó en Colombia, se narra en un par de volúmenes más.
Uno de ellos, ya terminado, describe la muerte del personaje a los 74 años, el otro, cuenta la historia desde su punto de vista de su madre.
El argentino, un hombre que habla sin afanes, asegura que le dio vida a Gabriel, como una instancia para que el lector llegue a él como escritor.
“Creé ese personaje para poner un velo, un poco de pudor, entre el lector y Pablo Ramos, porque de alguna manera estoy hablando de mí”, dijo el escritor en conversación con El PERIÓDICO.
Y es que la de Gabriel, según explica el argentino, es su historia, no al pie de la letra, pero sí en esencia.
“Con los escombros de mi vida construí los ladrillos de mi literatura -dice emulando a Sartre- Nadie podría encontrar en los libros detalles de mi vida privada, pero sí un mapa de mi alma, las vivencias de mi realidad, puesta en un mecanismo de ficción, en una mentira enorme que trata de hablar de una verdad más profunda”.
Esa realidad podría definirse como una fotocopia de una fotocopia de la vida de Pablo Ramos, a través de la cual se exorciza, saca todo aquello que lo atormentó en una vida ligada a las drogas y a los desatinos. “Me parece interesante tomar un personaje, llevarlo y explotarlo al máximo.
El objeto de mi literatura y de mi preocupación es el fenómeno humano. Escribiendo desde el personaje puedo llegar a explorar ese tema.
No el ser humano como objeto, sino como fenómeno que se desarrolla y se manifiesta”, asegura el autor refiriéndose a Gabriel, quien además de ser el centro de cuatro novelas, aparecerá de pasada en una novela que corte policial.
A estas alturas resultaría un sacrilegio que el personaje hubiera sido bautizado al azar por Ramos. “Gabriel Alejandro es el nombre de mi hermano, la persona más sensible y hermosa que dio la humanidad, y que no para de meterse droga, y que no puedo ayudar. No puedo hacer nada”.

