viernes, 25 de julio de 2008

Opinión: Escritores o escribidores: cuestiones semánticas

Es sencillo: uno puede creerse el cuento de ser un escritor mientras la gente se ríe de semejante disparate. Si bien en cierto que el quiera puede escribir lo que se le dé la gana y publicarlo cuando se le dé la gana, esto no quiere decir que eso inmediatamente conceda el estatus de ‘escritor’.
De ninguna manera.
Eso es algo que se gana a pulso, con trabajo, y sobre todo, con talento. No hay otro camino, y aunque mucha gente lo tiene claro, otra tanta se obstina en seguir ‘prostituyendo’ este oficio.
‘Ilustradora/filósofa/escritora’: de esa manera se presenta en un blog una jovencita que está haciendo el deber de tener un proyecto literario, pero que hasta ahora está arrancando.
Es esa actitud la que propicia que mucha gente con talento para llegar a ser alguien en el mundo de las letras se frustre para siempre, es esa actitud la que llena de malos libros las librerías y es esa actitud la que concibe miles y miles de seudo bohemios/seudo mamertos, que no creen en nadie porque se ven como la reencarnación de Borges o Cortázar. No, no y no. Así no funcionan las cosas.
No es suficiente con publicar un cuento en Internet, para poder estar gritando a diestra y a siniestra que uno es escritor, tiene mucho mérito, pero no basta.
Después de darle vueltas en la cabeza creo que identifiqué el foco de este mal endémico.
La ignorancia rampante es la que genera esta situación. Muchos prospectos de escritores se conforman con tener modelos literarios muy básicos, a los que finalmente es muy fácil aproximarse y como consecuencia caen en la trampa de creerse maestros de las letras.
Leyendo a autores de ‘media petaca’ se llega a ser un escritor de ‘media petaca’ o lo que muchos han preferido llamar ‘escribidor’.
Quiénes prefieren leer grandes autores tienen claro que lo que hacen dista mucho de lo que puede considerarse literatura. Ese ejercicio genera la conciencia de que hay que trabajar muy duro para pulirse.
De eso da fe uno de los más grandes autores que ha parido este planeta: el excéntrico Truman Capote. El estadounidense se refirió a su vocación como escritor en el prólogo de Música para camaleones.
“Al principio fue muy divertido. Dejó de serlo cuando averigüé la diferencia entre escribir bien y escribir mal; y luego hice otro descubrimiento más alarmante todavía: la diferencia entre escribir bien y el arte verdadero; es sutil pero brutal” escribió.
No tengo nada más que decir.

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