Ahora resulta que la mentadísima operación Jaque será llevada al cine. Son como 10 los estudios interesados en la historia, definitivamente muy acorde a los principios hollywoodenses de la sensatez y proporcionalidad: varios militares que se hacen pasar por miembros de una misión humanitaria para rescatar a 15 secuestrados, con un final muy feliz.
Lejos de los no pocos cuestionamientos que despertó la maniobra militar, la idea de ver a Ingrid y compañía -aunque sean representados por actores- en la pantalla grande, causa ilusión y a la vez, como nos sucede casi siempre, algo de temor.
Quiero aprovechar, como colombiano común y corriente, para pedir desde ya algunos favores a aquellos que sean escogidos para rodar la cinta.
Para empezar, de por Dios, que la película sea en español. Me pasa un frío por la espalda sólo con imaginarme al actor que represente al teniente Raimundo Malagón diciendo en la escena en la que los secuestrados suben al helicóptero en medio de la selva, “I’m the lieuteniant Malagon, of the glorious Colombia’s National Army, kidnapped for multiple factors” (“Yo soy el teniente Malagón del glorioso Ejército Nacional de Colombia, secuestrado por múltiples factores”). Peor resulta hacerme una imagen del sargento José Ricardo Marulanda, ya en Catam, gritando emotivamente “Welcome to the freedom!” (“¡Bienvenido a la libertad!”).
Sigo. En segundo lugar quisiera rogar que, en lo posible, les den la oportunidad a actores colombianos de representar a colombianos. Lo que pasa es que me incomoda ver siempre a mexicanos encarnando a mis compatriotas en el cine en películas como ‘Riesgo en el aire’ de Nicolas Cage. No todos tenemos dientes de oro, ni somos tuertos, ni usamos mostacho.
Desearía también que en las escenas de la película en las que se haga referencia a Bogotá, la capital no sea representada como una ciudad repleta de palmeras, sin semáforos o puentes, en la que las gallinas pululan en las esquinas, y que los bogotanos no seamos mexicanos tropicales en guayabera y pantalón blanco que cargan bazucas en el pantalón, como en Señor y señora Smith, la peli de la Jolie y Pitt.
Por favor, no les cambien el nombre a los personajes. Que Ingrid Betancourt no se convierta en Sharon Williams. No permitan que el sargento Erasmo Romero se llame Mark Woolf o Sthephen McCain. Eso es fundamental, no lo olviden.
Sé que una de las imágenes recurrentes en Hollywood es la del ‘súperpresidente’. En Air Force One, Harrison Ford se metió en los zapatos de James Marshall, mandatario de Estados Unidos, quien en uno de sus viajes es secuestrado por un grupo de rusos. Pues Marshall se agarra a golpes con los malos y los mata a casi todos. ¿Sería mucho pedir que en la película al presidente Uribe -por favor, que no se llame Charles Reeves- no le dé por hacer parte activa de la operación Jaque, disfrazándose de militar para ser una suerte de Rambo?
Les agradezco tomar nota de estos sencillos puntos aunque sinceramente creo que los pasarán por alto.
Lejos de los no pocos cuestionamientos que despertó la maniobra militar, la idea de ver a Ingrid y compañía -aunque sean representados por actores- en la pantalla grande, causa ilusión y a la vez, como nos sucede casi siempre, algo de temor.
Quiero aprovechar, como colombiano común y corriente, para pedir desde ya algunos favores a aquellos que sean escogidos para rodar la cinta.
Para empezar, de por Dios, que la película sea en español. Me pasa un frío por la espalda sólo con imaginarme al actor que represente al teniente Raimundo Malagón diciendo en la escena en la que los secuestrados suben al helicóptero en medio de la selva, “I’m the lieuteniant Malagon, of the glorious Colombia’s National Army, kidnapped for multiple factors” (“Yo soy el teniente Malagón del glorioso Ejército Nacional de Colombia, secuestrado por múltiples factores”). Peor resulta hacerme una imagen del sargento José Ricardo Marulanda, ya en Catam, gritando emotivamente “Welcome to the freedom!” (“¡Bienvenido a la libertad!”).
Sigo. En segundo lugar quisiera rogar que, en lo posible, les den la oportunidad a actores colombianos de representar a colombianos. Lo que pasa es que me incomoda ver siempre a mexicanos encarnando a mis compatriotas en el cine en películas como ‘Riesgo en el aire’ de Nicolas Cage. No todos tenemos dientes de oro, ni somos tuertos, ni usamos mostacho.
Desearía también que en las escenas de la película en las que se haga referencia a Bogotá, la capital no sea representada como una ciudad repleta de palmeras, sin semáforos o puentes, en la que las gallinas pululan en las esquinas, y que los bogotanos no seamos mexicanos tropicales en guayabera y pantalón blanco que cargan bazucas en el pantalón, como en Señor y señora Smith, la peli de la Jolie y Pitt.
Por favor, no les cambien el nombre a los personajes. Que Ingrid Betancourt no se convierta en Sharon Williams. No permitan que el sargento Erasmo Romero se llame Mark Woolf o Sthephen McCain. Eso es fundamental, no lo olviden.
Sé que una de las imágenes recurrentes en Hollywood es la del ‘súperpresidente’. En Air Force One, Harrison Ford se metió en los zapatos de James Marshall, mandatario de Estados Unidos, quien en uno de sus viajes es secuestrado por un grupo de rusos. Pues Marshall se agarra a golpes con los malos y los mata a casi todos. ¿Sería mucho pedir que en la película al presidente Uribe -por favor, que no se llame Charles Reeves- no le dé por hacer parte activa de la operación Jaque, disfrazándose de militar para ser una suerte de Rambo?
Les agradezco tomar nota de estos sencillos puntos aunque sinceramente creo que los pasarán por alto.

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