jueves, 8 de mayo de 2008

Conversaciones con Roberto Ampuero

Roberto Ampuero y sus Pasiones griegas a flor de piel

Una de las figuras más importantes de las letras chilenas presentó en Colombia su nueva novela, que sigue el camino de Amantes de Estocolmo, su anterior libro

BRUNO GARZA encuentra una mañana un mensaje en el que su esposa Fabiana le dice que lo deja para siempre. Ese día cambió su vida que carecía de grandes emociones, salvo engañar a Fabiana.
Pero Bruno no está dispuesto a perderla. Viaja a Nueva York, sigue a Antigua de los Caballeros, en Centroamérica, y después a Grecia. Realiza una búsqueda desesperada, en la que no sólo irá tras su mujer, sino tras la razón que explique su vida, la rutina en que cayó su matrimonio, los quiebres del amor y la pasión perdida.
Esa es la historia de Pasiones griegas, la más reciente novela de Roberto Ampuero, sin duda uno de los escritores chilenos más importantes de los últimos años.

Hablemos del centro de Pasiones griegas
Es un tema que me viene inquietando desde hace un par de años, y que también esta muy fuerte en Los amantes de Estocolmo, mi novela anterior, y es el de las relaciones de pareja. Lo que me interesa es la pareja en el mundo moderno, actual, cosmopolita, globalizado, en el que la mujer es independiente. Cuáles son los vaivenes que enfrenta una pareja moderna, y cómo los enfrenta, una pareja que además está siendo bombardeada por todo tipo de estímulos. Los comerciales con cuerpos perfectos, gente siempre joven, donde todo tiene el mensaje subliminal de tipo erótico. Es muy interesante ver cómo todo esto incide en la relación de pareja, en el deseo, en la pasión, en el amor y en el desamor, este último no entendido como la reacción que está llena de odio y resentimiento, sino visto cuando ya no hay nada entre la pareja.

Bruno es un hombre complejo, con muchos conflictos ¿de dónde surge este personaje?
Yo creo que él representa mucho al hombre moderno. Profesional, dedicado a lo suyo, que ha considerado vivir la vida como una cuestión cuantitativa en la que hay planes que cumplir en términos de ahorro, y un hombre moderno también en el sentido de que está erróneamente convencido de que el amor es algo que permanece igual siempre. No se da cuenta de que el amor tiene que ser alimentado a diario, no lo hace porque nunca se ha preguntado cuán bien conoce a Fabiana, su esposa. Uno muchas veces se sorprende porque se desconoce a si mismo, porque hace cosas que nunca hubiera imaginado. Si uno no se conoce a si mismo, qué posibilidades hay de conocer a la persona con la que comparte su vida. Bruno no la conoce, fundamentalmente porque no la conoce.

¿El nombre del protagonista tiene algún significado especial?
Bruno Garza. Cuando uno busca los nombres, hay algunos personajes que los consiguen fácilmente. Para otros hay que buscar un poco más. Siempre tiene que mostrar, a mi juicio, algún tipo de identidad. Eso lo da la combinación del nombre y el apellido. Bruno tiene una ‘u’ y una ‘o’, eso es importante, es una mezcla severa, indagadora. Y Garza, es un animal frágil, delicado, tiene vocales abiertas. Me gustaba esa contradicción, que finalmente se refleja en la forma de ser de Bruno. Por otro lado, Fabiana tiene un sentido de frescura.

¿Desde el punto de vista creativo ¿cuál fue su mayor reto?
En estas novelas el reto más grande que uno tiene como escritor hombre, es que uno tiene una voz masculina, una visión masculina, y cuando escribe definitivamente escribe desde la perspectiva masculina. El desafío que se tiene, si se quiere escribir una novela sobre una pareja moderna, es incorporar la voz femenina, que hablara, opinara. De inmediato uno se da cuenta que la que supone Bruno como causa principal de la partida de su mujer, es otra. Eso me resultaba interesante. Esos dos mundos que vivían una historia común, con un lenguaje muy distinto.

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