Escritor, realizador y cinéfilo por vocación, este chileno ha logrado convertirse en una de las más importantes figuras de las letras latinoamericanas.
”El dar tantas charlas es como realismo mágico”, bromea Alberto Fuguet, refiriéndose a su apretadísima agenda durante la Feria del Libro de Bogotá. Es víspera de su viaje a Caracas y se nota complacido de estar un poco alejado del bullicio de Corferias.
Mientras se sienta en el sillón de una librería en la que un rato más tarde presentará Cortos, su nuevo libro de cuentos, Fuguet, -considerado anatema por ir en contra de los valores literarios del sacrosanto Macondo, toma café de una pequeña taza y observa los anaqueles a su alrededor.
Definitivamente el autor de Sobredosis, Mala Onda, Por Favor Rebobinar y Las películas de mi vida -entre otros libros- y director del largometraje chileno Se arrienda, ese que tengo en frente, no es el tipo soberbio y antipático que tantos pintan.
“Pregunta lo que quieras” dice.
¿Se sigue sintiendo cómodo hablando de realismo mágico?
Cada vez más cómodo porque cada vez me interesa menos, y cada vez se más como abordarlo. Me gustaría, de alguna manera, que no me lo preguntaran. Son como pecados de juventud, y al final tenés que hacerte cargo de eso. Tampoco creo que fue algo tan tremendo lo que hice. Creo que he aprendido a manejar ese pecado, que fue haber hablado...
Además, estoy de acuerdo con todo lo que dije, lo que no me gusta -y no tengo nada de que avergonzarme- es que se ha vuelto como repetitivo, y me da miedo que en mi obituario lo único que digan es que yo era McOndo, yo siento que soy mucho más.
Entonces ahora estoy tratando, simplemente, y aunque no puedo evitarlo, porque sería mala educación, de la mano del cine también, ser más que McOndo. Y a la larga, veamos, espero que mi obra sea más fuerte que el nombrecito, que en todo caso no me molesta, es simpático, es divertido oír “McOndo”- Sigo creyendo que en algunas cosas tengo la razón.
Te cuento un dato freak. Me acabo de enterar que en Venezuela, a donde viajo mañana, yo voy a presentar el libro del Alfaguara y de la RAE de Cien años de soledad. Eso me parece superdivertido. Todavía no se de qué voy a hablar porque no lo leo hace cuarenta mil años, pero voy a googlear a ver que han dicho otros. Eso puede ser una buena expiación. Después de que yo presente Cien años de soledad -voy a pedir que me tomen muchas fotos- nadie va a poder decir que yo odio a García Márquez, porque además no lo odio, simplemente no soy tan fan.
Aquí en América Latina la gente es muy blanco y negro, es muy histérica, y la vida no es así. Con el tiempo uno puede dudar de uno mismo, quizás hasta contradecirse. Capaz que el día de mañana me llega a gustar García Márquez, pero por ahora no me gusta mucho, y no creo que por eso deban asesinarme. Deberían estar orgullosos de él, pero también de otras cosas más.
Cada vez más cómodo porque cada vez me interesa menos, y cada vez se más como abordarlo. Me gustaría, de alguna manera, que no me lo preguntaran. Son como pecados de juventud, y al final tenés que hacerte cargo de eso. Tampoco creo que fue algo tan tremendo lo que hice. Creo que he aprendido a manejar ese pecado, que fue haber hablado...
Además, estoy de acuerdo con todo lo que dije, lo que no me gusta -y no tengo nada de que avergonzarme- es que se ha vuelto como repetitivo, y me da miedo que en mi obituario lo único que digan es que yo era McOndo, yo siento que soy mucho más.
Entonces ahora estoy tratando, simplemente, y aunque no puedo evitarlo, porque sería mala educación, de la mano del cine también, ser más que McOndo. Y a la larga, veamos, espero que mi obra sea más fuerte que el nombrecito, que en todo caso no me molesta, es simpático, es divertido oír “McOndo”- Sigo creyendo que en algunas cosas tengo la razón.
Te cuento un dato freak. Me acabo de enterar que en Venezuela, a donde viajo mañana, yo voy a presentar el libro del Alfaguara y de la RAE de Cien años de soledad. Eso me parece superdivertido. Todavía no se de qué voy a hablar porque no lo leo hace cuarenta mil años, pero voy a googlear a ver que han dicho otros. Eso puede ser una buena expiación. Después de que yo presente Cien años de soledad -voy a pedir que me tomen muchas fotos- nadie va a poder decir que yo odio a García Márquez, porque además no lo odio, simplemente no soy tan fan.
Aquí en América Latina la gente es muy blanco y negro, es muy histérica, y la vida no es así. Con el tiempo uno puede dudar de uno mismo, quizás hasta contradecirse. Capaz que el día de mañana me llega a gustar García Márquez, pero por ahora no me gusta mucho, y no creo que por eso deban asesinarme. Deberían estar orgullosos de él, pero también de otras cosas más.
Cortos es un libro diferente desde la portada. En su interior se manejan distintos tipos de fuentes, dibujos, e incluso algunos cuentos están escritos a manera de libreto de cine ¿por qué hacerlo de esta forma?
¿Por qué no?. Yo lo escribí con cansancio. Hay miles de libros, algunos de ellos muy, muy buenos, pero hay muchos de ellos que libros que yo no leo porque su formato me empezó a aburrir.
Yo soy partidario de la tesis de que no se puede escribir ahora igual que en el siglo XIX o en el XX. Hay libros increíbles que se han escrito en esa época. Si yo voy a escribir tengo que hacer algo distinto, pero no distinto porque sí, o como pose, o como para romper, sino por convicción.
Yo siento que la gente piensa en imágenes. El cine está super ligado a la literatura. No tengo muy claro por qué, pero más bien era un poco luchar contra el cuento clásico típico, que yo sentí que ya se estaba volviendo cómo formula, ese ‘cuento perfectito’. A mí me interesan mucho los personajes, para mí son lo más importante, por eso traté de hacer un libro de cuentos donde ellos importaban más que nada. En el fondo se podría titular el libro Nueve amigos, más que Nueve historias supoercreativas. Yo nunca me he sentido tan creativo para contar historias, pero si creo que puedo ser bueno para conectar con personajes que no son muy ganadores.
¿Por qué no?. Yo lo escribí con cansancio. Hay miles de libros, algunos de ellos muy, muy buenos, pero hay muchos de ellos que libros que yo no leo porque su formato me empezó a aburrir.
Yo soy partidario de la tesis de que no se puede escribir ahora igual que en el siglo XIX o en el XX. Hay libros increíbles que se han escrito en esa época. Si yo voy a escribir tengo que hacer algo distinto, pero no distinto porque sí, o como pose, o como para romper, sino por convicción.
Yo siento que la gente piensa en imágenes. El cine está super ligado a la literatura. No tengo muy claro por qué, pero más bien era un poco luchar contra el cuento clásico típico, que yo sentí que ya se estaba volviendo cómo formula, ese ‘cuento perfectito’. A mí me interesan mucho los personajes, para mí son lo más importante, por eso traté de hacer un libro de cuentos donde ellos importaban más que nada. En el fondo se podría titular el libro Nueve amigos, más que Nueve historias supoercreativas. Yo nunca me he sentido tan creativo para contar historias, pero si creo que puedo ser bueno para conectar con personajes que no son muy ganadores.
¿Los cuentos tienen algún parentesco?
Yo creo que sí. Uno, superficialmente, todos tratan de ser visuales, ligados al cine, unos literalmente y otros no. Dos, todos los cuentos son sobre gente que está en una edad en que está a punto de fracasar, o de no ser. A mí me parece fascinante el momento en que alguien se transforma en lo que es y no en lo que quiso ser, que un día se despierta, se ducha, se mira al espejo y dice “¡Oh, no fui el que quise ser, y voy a tener que matarme o aceptar que la vida no me trató también como yo quería”. Yo lo hago no riéndome de los personajes, sino más bien estando a su lado, como diciendo “no es tan malo”. Hay muy poca gente que llega a ser justamente lo que quiso. Yo me siento cercano a los que no les va también, a los que no se sienten seguros de sí mismos, los que llaman ‘looser’. Yo pienso que ser así no es tan malo, es como reivindicar la palabra. Todo el mundo trata de ser un ganador. Esto es diferente.
Yo creo que sí. Uno, superficialmente, todos tratan de ser visuales, ligados al cine, unos literalmente y otros no. Dos, todos los cuentos son sobre gente que está en una edad en que está a punto de fracasar, o de no ser. A mí me parece fascinante el momento en que alguien se transforma en lo que es y no en lo que quiso ser, que un día se despierta, se ducha, se mira al espejo y dice “¡Oh, no fui el que quise ser, y voy a tener que matarme o aceptar que la vida no me trató también como yo quería”. Yo lo hago no riéndome de los personajes, sino más bien estando a su lado, como diciendo “no es tan malo”. Hay muy poca gente que llega a ser justamente lo que quiso. Yo me siento cercano a los que no les va también, a los que no se sienten seguros de sí mismos, los que llaman ‘looser’. Yo pienso que ser así no es tan malo, es como reivindicar la palabra. Todo el mundo trata de ser un ganador. Esto es diferente.
A propósito de Cortos ¿qué características debe tener un buen cuentista?
No lo sé porque en este libro quiero salirme de los buenos cuentistas. No se si estos son buenos cuentos, por lo menos en el modo tradicional. Existen libros y recetas que dicen que el relato debe golpear por knockout al final, que deben contar poco y sólo mostrar la punta, y yo no hago nada de eso. En general sea cuento, novela, crónica o poesía, la única clave es tratar de no mentir, de que te guste el tema. Esa es la única receta que uno puede dar sin sentirse un charlatán. Si vas a escribir escribe algo que te guste, y no para tratar de seducir a tu mamá, y menos a la crítica. No hay que publicar para tratar de vender y agradar a los demás. Tenés que escribir y arriesgarte a que todo el mundo te pueda hasta odiar. Una de las cosas que me molestan de García Márquez es una frase que aquí además la tienen puesta hasta en los eslogans: “Escribo para que me quieran más”. Para eso búscate una novia. Uno no puede escribir para que lo quieran más, debe hacerlo para arriesgarse a que lo quieran menos. Tenés que escribir a riesgo de que tu familia te quite el saludo.
No lo sé porque en este libro quiero salirme de los buenos cuentistas. No se si estos son buenos cuentos, por lo menos en el modo tradicional. Existen libros y recetas que dicen que el relato debe golpear por knockout al final, que deben contar poco y sólo mostrar la punta, y yo no hago nada de eso. En general sea cuento, novela, crónica o poesía, la única clave es tratar de no mentir, de que te guste el tema. Esa es la única receta que uno puede dar sin sentirse un charlatán. Si vas a escribir escribe algo que te guste, y no para tratar de seducir a tu mamá, y menos a la crítica. No hay que publicar para tratar de vender y agradar a los demás. Tenés que escribir y arriesgarte a que todo el mundo te pueda hasta odiar. Una de las cosas que me molestan de García Márquez es una frase que aquí además la tienen puesta hasta en los eslogans: “Escribo para que me quieran más”. Para eso búscate una novia. Uno no puede escribir para que lo quieran más, debe hacerlo para arriesgarse a que lo quieran menos. Tenés que escribir a riesgo de que tu familia te quite el saludo.
¿Qué libro llevaría al cine?
Tendría que ser un libro ojalá no tan famoso para que no me comparen. Otra cosa es tomar uno malo, pero no me veo así. Clint Eastwood está super bien, adaptó un libro horrorosamente cursi para señoras como Los puentes de Madison e hizo una película muy buena. Ando con alguna idea. Ahora estoy adaptando un libro poco conocido de crónicas que se llama El empampado Riquelme, un periodista chileno que se obsesionó con un caso. Tengo otras ideas. Creo que me da mucho miedo adaptar, pero me atrae el hecho de que sea inadaptable, una novela de Ray Loriga que se llama Tokyo ya no nos quiere. También me encantaría llevar al cine –aunque todo el mundo me seguiría con lupa- Tokyo blues de Murakami.
Tendría que ser un libro ojalá no tan famoso para que no me comparen. Otra cosa es tomar uno malo, pero no me veo así. Clint Eastwood está super bien, adaptó un libro horrorosamente cursi para señoras como Los puentes de Madison e hizo una película muy buena. Ando con alguna idea. Ahora estoy adaptando un libro poco conocido de crónicas que se llama El empampado Riquelme, un periodista chileno que se obsesionó con un caso. Tengo otras ideas. Creo que me da mucho miedo adaptar, pero me atrae el hecho de que sea inadaptable, una novela de Ray Loriga que se llama Tokyo ya no nos quiere. También me encantaría llevar al cine –aunque todo el mundo me seguiría con lupa- Tokyo blues de Murakami.
¿Cuál no llevaría a la pantalla?
No sé si responder. Siento que no quiero ser mala persona y atacar a nadie gratuitamente pero diría que son millones, incluso muchos que no he leído. Yo ya, a estas alturas, no leo cosas que no me interesan o que no vienen muy recomendadas por alguien. No llevaría al cine, probablemente, los libros de Grisham o de los Clancy. No me veo haciendo películas sobre presidentes y espionajes. En cambio siento que podría, si me seducen bien, hacer algo de Stephen King.
No sé si responder. Siento que no quiero ser mala persona y atacar a nadie gratuitamente pero diría que son millones, incluso muchos que no he leído. Yo ya, a estas alturas, no leo cosas que no me interesan o que no vienen muy recomendadas por alguien. No llevaría al cine, probablemente, los libros de Grisham o de los Clancy. No me veo haciendo películas sobre presidentes y espionajes. En cambio siento que podría, si me seducen bien, hacer algo de Stephen King.
Si le pido que me recomiende un libro ¿cuál sería?
Bueno, Tokyo Blues. No se sabe mucho de él pero es mejor, porque en España se ha vuelto una clase de ‘mito urbano’, y es que es distinto leer un libro que todo el mundo está leyendo y que se vuelve número uno o moda, como las películas ganadoras del Oscar, que unos las ve y dice “ah, no era pa’ tanto”, a uno no tan famoso. Tokyo Blues te lo recomiendo de corazón.
Hay otro que también me gustaría sugerirte, que aquí es un poco difícil de conseguir, que lo tiene Alfaguara, y que yo lo reedité Chile. Ha sido muy mal muy mal publicitado, porque es de no ficción. Habla de un tipo que lo encierran tres meses en un centro para abandonar la droga, es alguien que lo tiene todo y lo pierde todo. Además me encanta el título: En mil pedazos.
Bueno, Tokyo Blues. No se sabe mucho de él pero es mejor, porque en España se ha vuelto una clase de ‘mito urbano’, y es que es distinto leer un libro que todo el mundo está leyendo y que se vuelve número uno o moda, como las películas ganadoras del Oscar, que unos las ve y dice “ah, no era pa’ tanto”, a uno no tan famoso. Tokyo Blues te lo recomiendo de corazón.
Hay otro que también me gustaría sugerirte, que aquí es un poco difícil de conseguir, que lo tiene Alfaguara, y que yo lo reedité Chile. Ha sido muy mal muy mal publicitado, porque es de no ficción. Habla de un tipo que lo encierran tres meses en un centro para abandonar la droga, es alguien que lo tiene todo y lo pierde todo. Además me encanta el título: En mil pedazos.
¿Y qué película?
Bueno, Se arrienda de Alberto Fuguet, que ha tenido problemas de distribución pero que creo que es una película cariñosa, quizás no parte tan bien, pero va creciendo. También sugiero una que me encantó, que tiene distintos títulos depende del país. A América Latina llegó como El latido de mi corazón y en España se llamó De tanto latir mi corazón se ha parado, el cual me parece un título para sacarme el sombrero. Es una película muy interesante porque es un remake de una película buena o más o menos buena, setentera, reinterpretada en Francia. Me encanta el hecho de que el personaje es la película, está rendida a los píes del personaje.
Bueno, Se arrienda de Alberto Fuguet, que ha tenido problemas de distribución pero que creo que es una película cariñosa, quizás no parte tan bien, pero va creciendo. También sugiero una que me encantó, que tiene distintos títulos depende del país. A América Latina llegó como El latido de mi corazón y en España se llamó De tanto latir mi corazón se ha parado, el cual me parece un título para sacarme el sombrero. Es una película muy interesante porque es un remake de una película buena o más o menos buena, setentera, reinterpretada en Francia. Me encanta el hecho de que el personaje es la película, está rendida a los píes del personaje.

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